Tarde libre

[…] Removiendo el azúcar con lentitud mientras sentía el calor de la taza en el cuenco de la mano, pensó que no recordaba su casa a aquella hora, bajo la luz que empezaba a morir, esa presencia del día aún en las paredes, porque hacía muchas semanas que llegaba tarde. Entonces solía correr las cortinas para que la lámpara no convirtiese el ventanal en una pantalla de cine para los vecinos, con ella como única protagonista de la película.

Se preparaba como cena algo extraído de plásticos y envases de aluminio que comía sin apenas notar sabores o temperaturas. Elegía la ropa del día siguiente, que al final nunca se ponía por la mañana, porque su apetencia cambiaba con su humor, pero dejarla así, blusa y chaqueta, sobre la silla, la tranquilizaba y, ya acostada, se aplicaba en cerrar los ojos rápido, porque pronto sería de madrugada. A veces era tanta su ansia de sueño por robarle horas al reloj que no se dormía.

Pero hoy era distinto, porque había empezado la semana con energía para poder tomarse una tarde libre.

Comidas con colegas cuya acumulación de tiempo compartido hacía llamar amigos, citas para hablar de temas importantísimos, aunque cada año y por épocas repetidos; cenas para festejar cumpleaños, logros profesionales… ocupaban el tiempo de tregua que le permitía el trabajo. Así que había decidido tomarse un rato no programado para ella sola. Podía escribir cartas pospuestas, no recordaba bien a quiénes ahora, debía consultar su agenda. Acabar con una novela que había tenido que retomar tres veces desde el principio porque en el intervalo se le olvidaban los personajes. Podía ―había soñado en la oficina durante la semana― ver una película de televisión completa sin hacer otra cosa a la vez y sin aprovechar los intermedios para nada; o depilarse con calma o, mejor, darse una sesión larga de cuidado personal: baño de aceite, masaje de crin, mascarilla en el rostro, pulido de uñas…

Qué feliz había sido al planear todo lo que podría hacer de placentero si conseguía una tarde libre.

El café humeaba en el tazón. Había encendido un cigarro y, sentada con la espalda recta porque tenía tiempo para dedicarse a esos detalles, observaba la calle desde la ventana. Pensó en cuál de todas aquellas cosas anheladas para su rato libre iba a ser la primera.

Del Relato Tarde libre

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Un comentario en “Tarde libre

  1. Hace unos dias me comentaba una amiga dedicada mas que a algo en concreto,a muchas cosas,quiero decir,a vivir sin que la vida la cualifique o caracterice una profesió,una pasión o condición,digase por condición,todo aquello que no se practique
    con total convencimiento,sacrificio y placer.
    sta conocida intima me decia, me encantan los escritores que explican sutilezas,detalles y que no buscan escrituras faciles para ser aceptados ni dificiles para ser idolatrados…
    Pues para muestra un botón.
    Magnífica!

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