El sexo de las Ángeles

sexo de angelaMe llamo Ángeles, aunque me llaman Ángela. Me habría gustado tener un nombre algo más maléfico, que sonara como Daiavola o algo así, pero mis padres, bondadosos, debieron sentir que si un nombre determina, tenían claro la clase de hija que querían. Me dejaron marcada de por vida, como ahora, con cada año que se ha ido sumando a mi apariencia, constato en la blancura de mis canas.

La noche de mi último cumpleaños a la una de la madrugada me mandaron la primera felicitación. El amante una década más joven, compacto y musculado, en exceso para mi gusto más sino famélico, estilizado, proponía coger un vuelo para pasar una jornada gimnástica entre sábanas, como celebración.
Hube de buscar el no más positivo para despacharle sin pretensión ofensiva. Una es supersticiosa. Cuidado con tus respuestas porque hay negativas que para todos llegan. Las sesiones rítmicas compartidas con el joven habían estado bien tiempo atrás, experiencia atlética que hay que abordar para comprobar la certeza que sustente otra opción. Es tosco declinar invitaciones sin saber qué se rechaza. Tonto envanecerse de hacerlo, cuando nunca se sabe si será la última ocasión de decir ni que sí ni que no, ni todo lo contrario.

El amante amigo que lo fuera en el pasado mantiene una insistencia que más me malicio fundada en la persistencia de recordarse joven. Es decir, que intuyo es con la veinteañera con quien estaría dispuesto a yacer, más que con la angelita oronda en que el calendario me ha convertido.

Llega un amante exhalación para proporcionar veinte minutos de eléctrico contacto que te devuelve agitada y reflexiva sobre lo que ellos deben sentir con el sexo de pago. No hay economía de piel ni mental que resista veinte minutos similares más.

Una noche de dancing atrae a un cuerpo que si amas el contenido sentirás es amoroso el continente, y si lo detestas, detestable. Varón triste, tienta con la melancolía con que se miente a sí mismo, como sabemos hacer todos en el infierno que, falsos querubines, habitamos: sólo cuidados, atenciones de amigo anhelo.

En el recuento del año que cumplo concluyo que han sido más las veces que he declinado que las que he podido disfrutar como los ángeles, que yo quería ser Luzyfiera, pero el nombre, ya lo sabían mis padres, marca, y me escama la sospecha de que la atracción que ejerce el plumaje sedoso que ha terminado por salirme provoca el inventario envenenado con el recuento de veces que he tenido que negarme.

Lo que hubiera comprendido sin tanto circunloquio analítico de atender a la grafía con la que firmo, porque ya se sabe desde antiguo que el sexo de los ángeles vale también para las Ángela. Lo he constatado el último año y ahora puedo asegurarlo.

 

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