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La periodista y escritora Teresa Aranguren sobre Una mujer de nada: Aranguren, Paqué y la editora Carola Moreno

La historia de María, historia de una mujer pobre.

Esas son las claves de esta novela. Mujer y pobreza.

Pero no se trata de la pobreza de la marginación en la que la referencia es el otro mundo, aquel del que algunos, muchos o pocos, están marginados; el mundo de María, la protagonista de esta historia, no está al margen de nada , es mundo pobre, extremadamente pobre, pero mundo redondo y total, al que se pertenece de la misma manera que los árboles, los animales, la fuente, y el camino que va a la fuente le pertenecen o lo conforman; la pobreza de todos, incluso de los privilegiados como el alcalde que tiene casa y no cueva para vivir, es como el paisaje, el medio en el que la vida se vive. 

Una de las condiciones del pobre es la de no ser interesante o, dicho de otro modo, no ser sujeto de interés, puede ser objeto de compasión, de ayuda y hasta de solidaridad, puede ser detalle o contrapunto de una historia pero rara vez es protagonista, rara vez es centro de la atención literaria. Parece ser que los sentimientos sutiles, la exquisitez de la duda moral, la vulnerabilidad de la sensibilidad , la tortura de la culpa o el remordimiento, la pasión del amor y el desamor, todo ese bagaje de emociones que de Hamlet a Ana Karennina llenan la historia de nuestra Literatura, no forman parte del mundo de los pobres. De algún modo la literatura ha asentado la idea de que las personalidades complejas y por tanto literariamente interesantes solo pertenecen al mundo de los que no conocen el hambre de cada día. Ni las tareas de cada día: barrer, fregar, cocinar, recoger la casa, acarrear el agua, remendar la ropa, salir al campo, volver a barrer y a fregar, todo lo que constituye el eje de la vida del pobre, más aún de la mujer pobre, apenas existe en el mundo literario y en los escenarios de la ficción. Se han fijado ustedes en que poca presencia tienen esos trabajos de cada día, por ejemplo, en el cine. Quien o cómo recoge la mesa después del banquete, quien o cómo recompone los muebles después de la pelea y los platos rotos tras el ataque de cólera del o la protagonista, una elipsis temporal salta por encima de esa especie de tiempo muerto, no relevante para la historia…Y sin embargo la vida no sería posible sin esas escenas y sin los que las protagonizan.

Esta novela es una de esas raras excepciones que pone el foco en la vida de gente pobre, pobre de solemnidad, y lo hace desde la mirada de una mujer pobre de un pueblo pobre, de una Andalucía pobre, en una época, anteayer, pobre.
Una mujer pobre y por tanto una mujer que siempre tendrá que estar haciendo algo, que no puede quedarse sentada pensando en su vida o imaginando otra vida, así que piensa, imagina, recuerda, anhela, sufre, desea, mientras hace cosas, porque siempre hay cosas que hacer. Y, como es mujer, las cosas que hay que hacer tienden a ser las cosas de otros, las cosas del cuidado de los otros, del marido, los hijos, los hermanos, la madre…

La historia de esta mujer de nada, contada desde dentro, desde la memoria de María mientras cose dobladillos, zurce sietes, remienda pantalones, hace la comida o acarrea el agua, es también la todo el pueblo, todo un mundo, porque su memoria de mujer incluye la de los suyos con sus esperanzas y temores, rencillas, habladurías, casamientos y funerales, fracasos y afanes de cada día.

Y es una historia sorprendente y enternecedora que parece lejana pero es muy próxima. Una historia que sin duda merece la pena ser contada y contada con la profundidad, la justeza expresiva, la sabiduría narrativa y la capacidad de trasmitir verdad que Leonor despliega al contárnosla.

Yo la leí de un tirón y según la leía me vino a la memoria, una estrofa de un poema de Bertolt Brecht, que había olvidado, pese a que en tiempos me entretuve poniéndole música.

El poema se titula “el día de San jamás” la estrofa dice:
Ese día seré yo aviador – tu ese día serás general – tendrá trabajo el hombre parado – la mujer pobre descansará -En ese día de San Jamás – mujer pobre tu descansarás.

La memoria tiene su lógica y sé porqué la lectura de esta novela me devolvió el recuerdo de aquel poema de Brecht.

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